Acompáñanos en un recorrido imaginario por el volcán Chimborazo, en Ecuador, el lugar de la Tierra más alejado del centro del planeta, aunque no sea la montaña más alta del mundo

Imagina que partimos desde Riobamba, en la sierra centro de Ecuador, hacia la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo, donde se alza el coloso que da nombre a la provincia (1°28′07″S, 78°48′59″O). El aire ya empieza a faltar: estamos por encima de los 4.000 metros de altura, y el paisaje se vuelve páramo puro — pajonales dorados, ichu meciéndose con el viento y, a lo lejos, vicuñas pastando como si nada.
Nuestro primer destino es el refugio Carrel (5.000 metros), punto de partida de quienes intentan la cumbre. Desde ahí, una curiosidad que sorprende a cualquiera: aunque el Everest es la montaña más alta medida desde el nivel del mar (8.849 metros), la cumbre del Chimborazo (6.263 metros) es el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la Tierra.
La explicación está en la forma del planeta: la Tierra no es una esfera perfecta, sino que se «achata» en los polos y se «abomba» en el ecuador por efecto de la rotación. Como el Chimborazo está a apenas un grado y medio al sur de la línea ecuatorial, se beneficia de ese abultamiento y termina literalmente más cerca del espacio que cualquier otra montaña del mundo — incluido el propio Everest.
Seguimos ascendiendo hacia el glaciar que corona el volcán, uno de los pocos que sobreviven en los Andes ecuatoriales pese al retroceso acelerado por el cambio climático. Sus hielos han sido, históricamente, fuente de agua para las comunidades indígenas de la zona, que aún hoy extraen bloques de hielo siguiendo técnicas ancestrales de los llamados «hieleros del Chimborazo».
Bajando por la falda oriental, nos topamos con manadas de vicuñas reintroducidas en los años 80, cuando la especie estaba al borde de la extinción local. Hoy la reserva alberga una de las poblaciones más grandes de vicuñas de Ecuador, conviviendo con cóndores andinos que sobrevuelan las laderas en busca de corrientes térmicas.
No es casualidad que a este volcán se lo llame «el balcón del universo»: por su cercanía al espacio y por ser, según algunas mediciones, el lugar del planeta desde donde primero se puede ver salir el sol cada mañana.
Bitácora Viajera te invita a seguir explorando: cada coordenada guarda una historia, cada montaña un secreto. En nuestro próximo viaje imaginario, cruzaremos otra frontera para descubrir un rincón que desafía lo que crees saber.
