El triunfo del candidato de Defensores de la Patria, respaldado por Trump, reconfigura el mapa político de América Latina en un balotaje histórico por su estrechez.

BOGOTÁ, 21 de junio de 2026. El resultado de la segunda vuelta presidencial en Colombia reordena el tablero geopolítico regional. Abelardo de la Espriella, respaldado abiertamente por Donald Trump, se impuso a Iván Cepeda por menos de un punto porcentual en el preconteo de la Registraduría Nacional, con cerca del 49,7% frente a 48,7% de los votos. El resultado, aún preliminar, suma a Colombia al bloque de gobiernos de derecha que la administración estadounidense ha impulsado en la región durante el último año.
Trump celebró el resultado en redes sociales, y mandatarios de la región como Javier Milei se sumaron a las felicitaciones. De la Espriella ha expresado su intención de canalizar la relación con Venezuela a través del Departamento de Estado estadounidense, restablecer vínculos diplomáticos con Israel y profundizar la cooperación militar y de inteligencia con Washington. También ha planteado distanciar a Colombia de organismos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la ONU.
El espaldarazo de Trump, calificado por congresistas estadounidenses como una injerencia explícita en el proceso electoral colombiano, se replicó en campañas recientes en Argentina, Costa Rica, Chile y Honduras. Analistas consultados por medios regionales coinciden en que, de confirmarse el resultado en el escrutinio oficial, Colombia se acercaría a la Alianza del Escudo de las Américas, la coalición de seguridad hemisférica liderada por Washington de la que el país había quedado excluido durante el gobierno de Gustavo Petro.
Cepeda, aliado político de Petro y figura central del Pacto Histórico, había basado su candidatura en la continuidad del proceso de paz y una posición de mayor autonomía frente a Estados Unidos. Su discurso de reconocimiento tras el preconteo lo posiciona como referente de la oposición en el nuevo Congreso.
La estrechez del resultado —la diferencia más ajustada en la historia reciente de los balotajes colombianos— deja al país dividido casi a la mitad y plantea interrogantes sobre la gobernabilidad regional: un eventual giro de Bogotá hacia Washington reconfiguraría alianzas comerciales, de seguridad y migratorias en un momento de tensión creciente entre Estados Unidos y Venezuela. El escrutinio oficial definirá en los próximos días si el resultado preliminar se confirma antes de la toma de posesión, prevista para el 7 de agosto.
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