En Rosario, un niño con una enfermedad terminal logró cumplir su mayor deseo: visitar el Museo del Deporte Santafesino para conocer la réplica de la Copa del Mundo que levantó Lionel Messi. Este traslado, que por su condición médica resultaba riesgoso, fue posible gracias a la reciente instalación en Argentina de la «Ambulancia del Deseo», una fundación que asiste a pacientes en el final de sus vidas.
La filial argentina, que comenzó a operar a finales de mayo en la provincia de Santa Fe, fue impulsada por Juan Manuel Gálvez, un enfermero con más de 20 años de experiencia en emergencias. Tras conocer la iniciativa en Europa y motivado por la historia oncológica de su padre, Gálvez decidió replicar el proyecto en su país natal.
Para lograrlo, la organización se conformó como asociación civil con la ayuda de estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Toda la logística funciona mediante una cadena solidaria que incluyó la donación y reparación integral de una ambulancia que se encontraba fuera de servicio.

Voluntariado y logística a contrarreloj
Actualmente, el equipo está integrado por 23 profesionales ad honorem, entre los que se cuentan médicos, enfermeros, choferes y psicólogos. Gálvez explicó que, una vez aprobado el requerimiento médico, intentan concretar el traslado en un plazo máximo de 72 horas, debido a que el cuadro clínico de los pacientes puede empeorar rápidamente.
Desde su lanzamiento hasta principios de agosto, la fundación recibió al menos cien solicitudes. De ese total, unas veinte resultaron viables desde el punto de vista médico y ya lograron materializar una decena de sueños, que van desde asistir a un partido de fútbol hasta compartir un paseo al aire libre con la familia.
Un legado internacional
La «Ambulancia del Deseo» nació en los Países Bajos en 2007. Su creador fue Kees Veldboer, un trabajador sanitario que decidió desviar su ruta para cumplir el anhelo de un paciente que quería ver el mar por última vez. Hoy, la red solidaria tiene presencia en 22 países, incluyendo sedes en América Latina como Ecuador y El Salvador.
Para los voluntarios santafesinos, el objetivo principal trasciende la asistencia técnica. Buscan brindar contención emocional y transformar la visión traumática de las enfermedades limitantes, permitiendo que las familias compartan un momento de disfrute y nostalgia en la etapa final de la vida.


