La entidad verde olivo conmemoró su Bicentenario con la misión constitucional de defender a la sociedad y mantener el orden público en el país andino.

La Policía Boliviana celebra su Bicenetario (200 años de creación) con actos protocolares marcados por la coyuntura nacional. La institución fue fundada el 24 de junio de 1826 mediante la promulgación de la Ley Reglamentaria de Policías por el Mariscal Antonio José de Sucre.
Entre sus principales desafíos se encuentran la modernización tecnológica, la lucha contra la corrupción interna y recuperar la plena confianza ciudadana, además de garantizar la seguridad en tiempos de alta conflictividad social.
La Policía Boliviana ha buscado mejorar su especialización. Un gran ejemplo de esto es la participación histórica de sus grupos de élite (como el GEAT y Garras) en competencias internacionales de alto nivel, demostrando preparación táctica, disciplina y resistencia física.

La entidad verde olivo tiene recursos limitados como la falta de equipamiento tecnológico y logístico adecuado para cubrir todo el territorio, además del equipamiento a los funcionarios (quienes en varias ocasiones deben adquirirlos con su propio dinero).
Asimismo, la Polícia Boliviana tiene que lidiar con la presión política para mantener la institucionalidad y la neutralidad durante cambios políticos o crisis sociales.
Lastimosamente, la Policía Boliviana enfrenta una percepción ciudadana muy negativa, figurando constantemente entre las instrituciones con menor condianza del país. Las principales razones son la corrupción interna (como el cobro de sobornos), la lentitud en las denuncias, y la politización de sus funciones durante los conflictos sociales.
Estudios como el Latinobarómetro ubican recurrentemente a Bolivia en los últimos lugares de la región en confianza hacia la Policía y el sistema judicial.

Pero no todo es negativo en la entidad policial. Lo mejor de ser policía en Bolivia es la vocación se servicio, la oportunidad de proteger a la comunidad, la estabilidad laborar que ofrece la carrera (en un país lleno de informalidad) y el orgullo de pertencer a una institución con décadas de historia al servicio del país.
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