En Sucre, Venezuela, familias reclaman verdad sobre las víctimas del ataque de lanchas atribuido a EE.UU. Narcos o pescadores, nadie confirma identidades ni entrega cuerpos

El 24 de septiembre de 2025, la costa del estado Sucre en Venezuela volvió a ser escenario de sangre y silencio. Una operación de lanchas rápidas atribuida a Estados Unidos dejó varias víctimas en aguas del Caribe, pero hasta hoy nadie sabe con certeza quiénes eran.
Mientras los partes militares en Washington los señalan como “objetivos vinculados al narcotráfico”, en Cumaná y Carúpano las familias viven otra realidad: cuerpos desaparecidos, nombres borrados y un duelo sin derecho a verdad
¿Narcos o pescadores?
El gobierno de Nicolás Maduro denunció “agresión extranjera” y amenaza con declarar un estado de conmoción exterior. Pero más allá de la retórica política, en las calles de Sucre circula otra versión: algunos de los muertos no eran capos ni soldados, sino simples hombres de mar. Uno de ellos, según vecinos, apenas manejaba una lancha y fue vinculado de inmediato a redes criminales.
Un estigma que pesa como condena sobre las familias: “lo mataron y lo llamaron delincuente, pero no tenía nada que ver”, repite una hermana entre lágrimas.
El silencio que duele
Ni Estados Unidos confirma identidades, ni Caracas da listas oficiales. El limbo es total. Los familiares no saben si llorar un cuerpo que nunca les entregan o esperar un regreso que nunca llega. “Narcos o no, tenían familia. Y toda familia merece saber la verdad”, resume un líder comunitario en Cumaná.Lo que dicen los medios locales
Más allá del discurso oficial
Medios venezolanos como Efecto Cocuyo y reportes de la prensa regional de Sucre apuntan a la falta de transparencia. Hablan de versiones encontradas, de un mar que devuelve pedazos de la tragedia y de una comunidad que siente que las potencias juegan con sus muertos.
Las familias quedaron atrapadas entre dos relatos oficiales: para unos, eran “criminales neutralizados”; para otros, “mártires de la patria”. Pero la verdad incómoda es que ninguno de los dos bandos reconoce su humanidad. Y ese vacío, en un estado pobre y olvidado como Sucre, duele más que las balas.

