El Gobierno de Venezuela anunció este domingo el cierre absoluto y preventivo del puente internacional Francisco de Paula Santander por un período de 15 días. La estructura, que representa una de las arterias viales más importantes para el comercio y el tránsito vecinal entre la ciudad colombiana de Cúcuta y la localidad venezolana de Pedro María Ureña, será sometida a trabajos de rehabilitación urgente tras detectarse daños severos en su infraestructura base.
A través de un comunicado oficial, el Ministerio de Transporte de Venezuela instó a la ciudadanía y a los transportistas a tomar previsiones inmediatas. Aunque la cartera no especificó técnicamente el alcance de las obras, la decisión se produce apenas 24 horas después de que inspecciones técnicas conjuntas entre autoridades de ambos países advirtieran sobre un deterioro crítico en los cimientos del costado venezolano, provocado por la fuerza de las recientes crecidas del río Táchira.

Riesgo estructural y diagnóstico técnico
El secretario de Gestión del Riesgo de Desastres de Cúcuta, Fabián Prato, confirmó que, si bien el tramo correspondiente a Colombia se encuentra en buen estado, la situación en el sector venezolano es comprometedora. Las evaluaciones revelaron que la erosión ha afectado profundamente las bases, poniendo en riesgo la estabilidad de la plataforma superior. «Es una medida necesaria para garantizar la integridad de los miles de usuarios que transitan diariamente por este eje», señaló el funcionario tras la revisión con Protección Civil de Táchira.
El puente Francisco de Paula Santander, con 57 años de antigüedad, es el segundo paso con mayor flujo vehicular en la frontera colombo-venezolana, con un promedio diario de 8.000 vehículos. Fuentes en la zona indican que el problema no es reciente, pero la falta de mantenimiento sostenido y el impacto directo del caudal del río sobre el margen venezolano terminaron por agravar la falla estructural este fin de semana.
Cooperación binacional en la frontera
El anuncio del cierre se da en un contexto de renovada relación institucional entre Bogotá y Caracas. Recientemente, el presidente colombiano Gustavo Petro y la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez sostuvieron encuentros de alto nivel para abordar no solo la infraestructura fronteriza, sino también planes de seguridad conjunta. Ambos gobiernos han planteado la necesidad de una cooperación militar y de inteligencia para combatir a las organizaciones criminales que operan en los 2.200 kilómetros de frontera común.
Esta coordinación binacional busca «liberar a los pueblos de la frontera de las mafias dedicadas a economías ilegales como el narcotráfico y la trata de personas», según declaraciones de las autoridades. No obstante, el cierre del puente Santander supone un reto logístico inmediato para las poblaciones locales, que ahora deberán canalizar el tránsito a través del puente Simón Bolívar o el puente Atanasio Girardot (Tienditas), saturando potencialmente estos otros puntos de control.
Impacto en la dinámica regional
El cese de operaciones en el Francisco de Paula Santander genera incertidumbre en el sector comercial, que apenas comenzaba a estabilizarse tras años de cierres intermitentes. La paralización total por dos semanas afectará el flujo de suministros y el paso de trabajadores pendulares que dependen de esta conexión para sus actividades diarias. Gremios de transporte en Norte de Santander han solicitado celeridad en las obras para evitar que el plazo de 15 días se extienda indefinidamente.
Por el momento, unidades de la Guardia Nacional Bolivariana y autoridades migratorias de Colombia mantienen dispositivos de información en las entradas del viaducto para desviar el flujo vehicular. Se recomienda a los viajeros verificar el estado de las vías alternas y prever demoras significativas en los trámites de cruce fronterizo mientras duren las labores de la «fuerza trabajadora» venezolana en la rehabilitación de la estructura.

